Mira, te voy a contar una llamada que recibí el otro día de parte de un jefe de obra.
Fue de la siguiente manera:
JO: Hola, Justo, te llamo porque tengo un problema con un subcontratista. Abandonó la obra a medias y tengo que buscar otro que me la termine…
Justo: Ya… ¿y por qué se fue de la obra?
JO: Resulta que ha montado mal varias instalaciones y le he congelado la última certificación hasta que las repare. Pero él ha dicho que, hasta que no le pague, no volverá.
Justo: ¿Y qué quieres que haga yo?
JO: Necesito un informe que diga cuánto ha ejecutado este subcontratista para que luego no me reclame más de lo que hizo.
Justo: Vale, pues pásame las mediciones que tienes sobre lo ejecutado. Iré a la obra para corroborar las mediciones junto con unas fotos que reflejen lo que realmente se ha hecho.
JO: Bueno, verás… es que mediciones no tengo, porque nosotros le facturamos por porcentaje de instalación ejecutada.
Justo: Vale, pero en el contrato tendrás unidades desglosadas con mediciones y precios, ¿no? Con eso habrás calculado los porcentajes.
JO: Pues no… Lo que tenemos contratado es una partida alzada de instalación de clima con todo incluido, y vamos certificando porcentajes en función de lo que, más o menos, han ejecutado.
Justo: Vale, pues podemos ir al proyecto y utilizar el presupuesto.
JO: Es que, verás… no hay proyecto.
Como podéis imaginar, esto pintaba cada vez peor. No había por dónde agarrar el tema…
Nada parecía tener sentido y todo era un despropósito.
Este hombre tenía un gran problema sobre la mesa porque le era imposible documentar de forma clara los trabajos reales ejecutados por su subcontratista, y en el caso de que fuera demandado, tendría una posición muy débil.
Tras meditarlo un buen rato, le propuse lo siguiente:
Yo realizaría una visita a la obra, documentando de forma gráfica todas las unidades de obra ejecutadas por ese subcontratista, todos los acopios de materiales y todas las unidades con defectos de ejecución. Elaboraría un informe pericial de la situación real y lo guardaríamos en un cajón. Él continuaría la obra con los nuevos subcontratistas, prestando especial atención a los conceptos de las facturas, y esperaríamos a ser demandados.
Ya sabes, quien demanda…
Tiene el peso de la prueba.
De esta forma, le dejábamos al subcontratista la tarea de justificar sus trabajos, y a nosotros nos quedaba comprobar si lo que justificaba era lo que realmente había en la obra a fecha de su abandono,
dando la correspondiente contestación a la demanda e incluyendo los daños y perjuicios causados.
Reconvención al canto…
Tú, como jefe de obra, no tienes por qué dominar estos aspectos legales. Por ello, te digo que:
Si tienes un lío en obra y no sabes cómo enfocarlo, háblalo conmigo.
En base a mi experiencia, trazaremos una estrategia para afrontarlo con garantías.
Asesorar a constructoras y abogados en litigios de obra es mi especialidad. Tras 80 juicios y 400 informes periciales… ¡aprovéchalo!
¡Que tengas un gran día!
